
Madre mía, si no he muerto en esta última hora hablando de “un blog, dos blogs, tres blogs…la vida es un blog que se me escapó (…)”, entonces iré creyendo que soy Inmortal como Christopher Lambert. Aunque menos bizca, sin dominio de la espada y sin Queen de fondo…De momento…
Total, a lo que iba. Estamos de estreno, Señor@s, estrenamos obsesión nueva: nuevo blog, las mismas tres pesadas que ya arrancaran, a principios de año, con el de Undianas. Y este nuevo espacio será multidisciplinar y dará cabida a todo tipo de filias, fobias, obsesiones, frikadas y aspectos algo menos enfermizos tales como: pensamientos, opiniones sobre hechos, noticias, contenidos, personajes, escritores, conciertos, exposiciones, pelis, rincones y todo tipo de expresiones vitales que nos conmuevan, aunque sea un poquitín.
Aquí, como en cada bitácora reflejaremos lo que somos pero, y me atrevo a decir, en éste algo más porque también tendrán su huecos las reflexiones de la vida, sensaciones o emociones evocadas. Así, porque somos guays jaja.
Y, siguiendo con esta teoría yo tengo algo que decir en este espacio en blanco y libre. Hay días en los que uno experimenta todo tipo de sensaciones, un carrusel que dirían los finos. No relataré la jornada de hoy porque además no creo que estéis (permítanme el tuteo) interesados pero, sí diré que “Después de la tormenta siempre llega la calma” que cantaría mi compa de trabajo hoy después de que un grupo de italianos hicieran la digestión fuera de nuestros dominios (trabajo, de momento, en el restaurante y cafetería de un hotel).
Pues sí, después de cierto estrés controlado y de una fase de irritación fina por un cliente sobre el que me ahorro los adjetivos (todos descalificativos) y de que, ciertos asuntos pendientes sigan siéndolo a mi pesar, ha habido dos situaciones que me han arrancado una sonrisa. Y, eso, siempre es de agradecer.
La primera fue a primera hora del día de la mano de un taxista majo que compartió conmigo su buen humor a través de anécdotas de su trabajo. Como la de aquella señora que le hizo hueco a su señor marido en el asiento del copiloto del coche. Bueno, eso sí, un señor marido poco hablador por ir dentro de una urna…Eso sí, con cinturón de seguridad. Ante todo, ¡respeto a la normas de circulación! O también aquella anécdota sobre un empresario árabe y sus idas y venidas con “señoritas de compañía” e invitaciones a cenas, copas y demás señoritas.
Lo mejor no fueron las risas sino el buen rollo, a primerísima hora de la mañana, de un tipo que no conoces de nada.
La otra situación graciosa de la jornada ha sido en plena calle Carretas, enfrente del antiguo Hotel Madrid, ahora okupado. El espíritu periodístico en todo su esplendor me ha invadido cual perfume embriagador cuando un par de colegas de profesión hablaban del asunto con dos señores. “Un periodista, para hacer un reportaje o una entrevista, debería preguntar y hablar con todos y, no sólo con gente de Comunicación”. A punto estuve de aplaudir su sensatez y de meterme de lleno en el tema. Otros asuntos me requerían pero, me ha sido inoculado o reinoculado, con más fuerza que nunca, ese virus curioso, inquieto y reporteril.
Me ha hecho sentirme viva y, eso es un regalo valiosísimo.
Este blog, por lo menos así lo veo yo, pretende transmitir vida y, para ello, estas tres locas somos unas herramientas a disposición de ese magno fin.
Por esto, yo quería compartir con vosotros un trocito de mi vida hoy. Bienvenidos ;)